El primer Piedrabuena nació en un terreno expropiado en 1947. En 1957 se construyeron 356 casas financiadas por el Banco Hipotecario, destinadas a obreros de la fábrica CAMEA. Sus calles recibieron nombres de barcos de la Armada.
En 1975 comenzó la gran ampliación, dentro del Plan Alborada de vivienda social. Entre sus arquitectos estuvieron Flora Manteola, Javier Sánchez Gómez, Josefa Santos, Justo Solsona y Rafael Viñoly. Las obras se extendieron hasta comienzos de los 80.

El proyecto combinó edificios de hasta 12 pisos con bloques bajos. Las construcciones altas forman grandes semicírculos unidos por puentes peatonales. En 14,4 hectáreas se levantaron 2.100 viviendas, con patios interiores y pasarelas.
Los puentes seguían la idea de las “calles en el cielo“, pensadas para favorecer la vida comunitaria. El conjunto reunía viviendas, dos escuelas, dos guarderías, comercios, un centro asistencial, una iglesia y un gimnasio.
Las viviendas se entregaron entre 1980 y 1981. En 1984 los delegados barriales ya denunciaban fallas estructurales y defectos de construcción. La falta de mantenimiento agravó los problemas, según documentó la Auditoría General de la Ciudad.
En 1985, Esperando la carroza llevó Piedrabuena al cine. Cacho juega al fútbol en Zuviría y León Suárez. Antonio, el personaje de Brandoni, sale de uno de los edificios y sube al auto comiendo una empanada. Ahí llega el célebre “tres empanadas“.
En 1999, el barrio apareció en el video de Homero, de Viejas Locas. Pity Álvarez se había criado en Piedrabuena. Los edificios acompañan la historia de un trabajador que vuelve a casa y hace cuentas para llegar a fin de mes.
En 2006, artistas del barrio transformaron un antiguo galpón de escenografías del Teatro Colón en Piedrabuenarte. Organizaron talleres y recitales, y pintaron murales entre los edificios.
En 2026, Piedrabuena volvió a la pantalla con Mis muertos tristes, la miniserie de Pablo Larraín basada en relatos de Mariana Enriquez. Sus edificios y pasarelas se sumaron a una historia de fantasmas.
