Gentileza: Turismo GCBA
Un relevamiento realizado por Táctica, laboratorio del deporte argentino muestra que Buenos Aires es la ciudad con más estadios de fútbol del mundo. Según muestran, cuenta con 18 (Alberto J. Armando, Alfredo Ramos, Antonio Vespucio Liberti, Arq. Ricardo Etcheverri, Claudio Fabián Tapia, Coliseo del Bajo Belgrano, Diego Armando Maradona, Enrique Sexto, Guillermo Laza, José Amalfitani, Juan Pasquale, León Kolbowski, Islas Malvinas, Nueva España, Pedro Bidegain, República de Mataderos, Roberto Larrosa y Tomás Adolfo Ducó) para sus 3.120.000 habitantes en sus 206 km². Es decir, CABA cuenta con un estadio cada 173.333 habitantes y cada 11,44 km². Y si se incluyen todos los del AMBA, se superan los 50.
De esta manera, CABA está muy por encima de los valores de ciudades europeas futboleras, como Berlín, Madrid y París, que solo tienen cuatro estadios, o Milán, que apenas cuenta con dos. La única gran urbe europea similar a Buenos Aires es Londres, que cuenta con 18 estadios para sus 9.000.000 habitantes en 580 km², lo que representa un estadio cada 500.000 habitantes y cada 88 km². En el mismo sentido, los países organizadores del Mundial 2026 tampoco compiten con la infraestructura deportiva porteña: la Ciudad de México, Nueva York y Miami solo cuentan con tres estadios, mientras que Toronto apenas tiene dos.
Buenos Aires también supera a las ciudades de la región, también futboleras: Montevideo cuenta con 16 estadios (aunque solo tres superan la capacidad para 30 mil espectadores; en CABA, son seis), Río de Janeiro con 13, Asunción con 9 y San Pablo y Santiago de Chile, con 7. La infraestructura deportiva de la Ciudad se complementa con una extensa red de clubes barriales, cuna de grandes futbolistas, entre ellos, varios campeones del mundo.
Al respecto, desde Táctica explican: Buenos Aires lleva esta relación entre estadio, territorio e identidad a un extremo casi único. Tal proliferación nace de una historia muy propia: clubes surgidos del asociacionismo barrial, hijos de inmigrantes, necesitados de conseguir un “terreno propio” en paralelo al acceso popular a la casa propia: El club, y, por ende, la cancha, aparece casi como una prolongación colectiva de la vivienda, lo que no permite la gestión compartida de estadios, como sí ocurre en otras grandes ciudades.
