El co-living surge como una alternativa habitacional que permite acceder a una vivienda a menor costo que hacerlo de manera individual. Aunque se lo suele asociar a la juventud, comienza a extenderse a otras etapas de la vida.
En un contexto de caída de ingresos jubilatorios y creciente inquilinizacion de la vejez, el co-living en edades avanzadas podría ofrecer una opción para acceder a una vivienda. Además, puede mejorar la calidad de vida, al fomentar la vida comunitaria y la socialización, en un escenario marcado por la soledad y aislamiento que afecta especialmente a las personas mayores.
En las afueras de Madrid, desde el año 2000, un grupo de 79 personas mayores conviven bajo una cooperativa que ofrece una solución habitacional “fuera del mercado” para envejecer en comunidad.
En Singapur, la empresa Red Crown Senior Living alquila departamentos en el mercado y los subalquila a personas mayores que conviven mientras reciben servicios de cuidado y acompañamiento compartidos. Actualmente gestionan 30 departamentos y 3 condominios bajo este modelo.
En nuestro país, la iniciativa Casa Activa, lanzada en 2021, promueve la construcción de complejos habitacionales con espacios comunes y equipamiento colectivo para personas mayores de 60 años. Las viviendas se entregan en comodato, garantizando estabilidad sin necesidad de propiedad. En diciembre pasado se inauguró un complejo de 32 monoambientes en Sáenz Peña, Chaco.
Estas tres experiencias reflejan distintos enfoques: autogestión, inversión privada y acción estatal. Cada una propone respuestas innovadoras al desafío de la vivienda en la vejez, aunque enfrentan interrogantes sobre su escalabilidad, replicabilidad y sostenibilidad a largo plazo.
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