Cayetano de Thiene fue un noble italiano que se ordenó sacerdote y fundó la congregación de los Teatinos en el siglo XVI. Dedicó su vida a pobres y enfermos. Murió un 7 de agosto, y esa fecha quedó reservada para su celebración.
La imagen llegó a Liniers en 1875. La llevó la Sociedad Hijas del Divino Salvador, que fundó una capilla y un colegio en una zona marcada por quintas, terrenos abiertos y el crecimiento del ferrocarril. Entonces se lo veneraba como patrono de la Providencia. El templo se construyó en 1900 y se convirtió en parroquia en 1913. La multitud que hoy ocupa las calles de Liniers todavía no existía.
El giro llegó después del derrumbe económico mundial de 1929. La desocupación y la pobreza golpearon a los barrios obreros de Buenos Aires. Entre 1928 y 1938, la parroquia estuvo a cargo del padre Domingo Falgioni.
Falgioni también dirigía espiritualmente los Círculos de Obreros Católicos. Impulsó la devoción mediante una campaña en el diario El Pueblo, un estandarte y nuevas estampas destinadas a quienes necesitaban empleo y comida.
En esas estampas apareció una espiga de trigo junto al santo y el Niño Jesús. Era una síntesis perfecta: la espiga representaba el pan, fruto del trabajo. San Cayetano empezó a ser invocado en la Argentina como patrono de ambos.

La devoción creció con rapidez. Los fieles comenzaron a llegar el día 7 de cada mes para pedir o agradecer. El 7 de agosto se convirtió en la gran fecha anual, con largas filas, espigas, imágenes y una súplica repetida por generaciones.
En 1981, el vínculo con el mundo obrero adquirió otra dimensión. Más de 50.000 personas marcharon hacia el santuario bajo la consigna “Paz, Pan y Trabajo”. La dictadura prohibía las reuniones públicas.
En 2016, la CTEP, la CCC y Barrios de Pie caminaron 13 kilómetros desde San Cayetano hasta Plaza de Mayo. Unieron “Paz, Pan y Trabajo” con “Tierra, Techo y Trabajo”. La fecha se volvió una convocatoria anual, aunque en 2020 tuvo formato virtual por la pandemia.
