Polvorín, el taller centenario y poco visible desde la calle

Un breve recorrido por un espacio clave en la historia del subte y los tranvías de Buenos Aires.

Construido por la Compañía de Tranvías Anglo‑Argentina en 1914, fue pensado para alojar y dar mantenimiento a los coches del “tranvía subterráneo” que luego se convertiría en la Línea A del subte porteño.

El Polvorín consta de tres naves principales, más otras menores agregadas después. Su capacidad total es de 18 vías. Allí pasaron cientos de vehículos: desde tranvías hasta coches subterráneos, todos reparados y resguardados bajo ese techo histórico.

Durante décadas, los emblemáticos coches de madera La Brugeoise, que circularon por la Línea A durante casi un siglo, fueron reparados, revisados y restaurados en Polvorín.

Cuando en 1962 se suprimieron los tranvías en la Ciudad, el taller dejó de servir a la red tranviaria superficial. Pero siguió su labor para el subte.

Desde 1980, el taller presta parte de sus instalaciones a la Asociación Amigos del Tranvía (AAT) para la guarda y mantenimiento de sus tranvías.

Todos los fines de semana, desde allí, se ofrecen paseos gratuitos en la flota histórica de la AAT: durante el verano, los sábados de 17 a 20 y los domingos de 10 a 13 y de 17 a 20 horas, gratis, sin reserva previa (se suspende por lluvia).

En 2008, el taller y su circuito asociado fueron declarados patrimonio histórico por la Ciudad. Eso incluye naves, vías y trochas que aún unen el Polvorín con la estación Primera Junta.

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