Todo comenzó con la Exposición Universal de París de 1889, la misma que inauguró la Torre Eiffel. Argentina quería mostrarse al mundo como una potencia emergente y encargó un pabellón monumental al arquitecto francés Albert Ballu.
El edificio ocupaba unos 1.600 m² y estaba construido en hierro, vidrio y cerámicas policromadas. Fue inaugurado el 25 de mayo de 1889, a pocos metros de la Torre Eiffel, y obtuvo el primer premio entre los pabellones extranjeros.

El éxito fue tan grande que se decidió traerlo a Buenos Aires. Tras el cierre de la exposición fue desmontado pieza por pieza. Más de 6.000 bultos cruzaron el Atlántico a bordo del vapor Ushuaia.
Las piezas llegaron a Buenos Aires en 1890. Durante años se discutió dónde reconstruirlo. Finalmente se eligió el sector este de Plaza San Martín, en Retiro. Ahí volvió a levantarse y fue reinaugurado el 14 de enero de 1894.
El pabellón tuvo muchas vidas. Fue sede de exposiciones, actos públicos y eventos culturales. En 1910, durante los festejos del Centenario, pasó a albergar al Museo Nacional de Bellas Artes, que funcionó allí durante más de dos décadas.
Pero el edificio tenía un problema: era costoso de mantener y ocupaba un espacio cada vez más codiciado. En 1932 comenzó su desmantelamiento para ampliar Plaza San Martín. Una joya arquitectónica desapareció para siempre.
No desapareció del todo. Varias esculturas fueron rescatadas. Algunas aún sobreviven. La Agricultura, por ejemplo, puede verse en Saavedra. También quedan piezas en las Escuelas Técnicas Raggio y otros espacios públicos.

