La leyenda del Pasaje General Paz

En la década de 1960 se produjo un curioso incidente que viejos propietarios todavía recuerdan

Con entradas sobre Ciudad de la Paz y Zapata, el Pasaje General Paz es una vivienda colectiva de 57 unidades construida en 1925 por el arquitecto Pedro Vinent, que también era dueño del terreno.

La galería fue desarrollada con apoyo financiero de inversores particulares. Al principio los departamentos estuvieron en alquiler hasta que la ley de Propiedad Horizontal de 1948 permitió la compra.

Un departamento en venta en el complejo de viviendas, pensando en su momento para familias obreras cuyo ascenso social les permitía abandonar los conventillos, cotiza en Zonaprop por alrededor de USD 250.000. Cuenta con 4 ambientes en una superficie de 73 m2.

Periódicamente, los portales publican publinotas de las inmobiliarias con la historia del pasaje, los famosos que alguna vez lo habitaron (Andrés Calamaro, Julieta Cardinali) y la información sobre las últimas unidades en venta.

Lo que no cuentan es que en la década de 1960 se produjo un curioso incidente que viejos propietarios todavía recuerdan. Fue recopilado por Pablo Bedrossian en su blog. Involucra la llegada de un excéntrico vecino al que llamaremos “Schmidt”.

Se decía que era un científico. Llegó al edificio cargando cajas pesadas. Andaba con guardapolvo blanco. No saludaba a nadie. Ocupó uno de los departamentos de la planta baja, propiedad de un pariente suyo.

Pasaba encerrado día y noche. De su departamento salían olores extraños. Los vecinos especulaban con que Schmidt había armado un laboratorio. Un día, a través de la ventana, salió un espeso y maloliente humo blanco. Golpearon a la puerta.

-Lo logré -decía Schmidt, desorbitado, desde adentro del departamento-. Déjenme en paz.

Al rato se escuchó una explosión. Los vecinos llamaron a los bomberos y a la policía, que derribaron la puerta y extinguieron el principio de incendio.

La policía determinó que el tal Schmidt era un paciente que se había escapado del Hospital Borda, de donde se había robado el guardapolvos y algunos químicos de la farmacia. Su intención, decía, era “transformar metales en oro”. Al menos, eso es lo que cuenta la leyenda.

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