La historia del Cildáñez, conocido durante décadas como “el arroyo de la sangre”

Tiene 11 km, atraviesa diez barrios y, en la actualidad, corre casi entero bajo tierra. Por primera vez desde que fue entubado, la Ciudad está limpiando su conducto.

El Cildáñez nace en La Matanza y entra a la Ciudad por el sudoeste. Forma parte de las cuencas que descargan en el Riachuelo. Antes de que la urbanización lo encerrara, era un curso abierto que atravesaba campos bajos y zonas inundables.

En 1889 empezó a levantarse en la zona el nuevo matadero de Buenos Aires. Abrió en 1900 y alrededor suyo creció Nueva Chicago, hoy Mataderos. Los desperdicios de la faena llegaban al Cildáñez y el agua tomó un apodo bastante literal: “arroyo de la sangre”.

El arroyo también quedó metido en la historia de Nueva Chicago. El club nació el 1° de julio de 1911, cuando un grupo de jóvenes se reunió sobre un puente de madera en Bilbao y San Fernando, actual Lisandro de la Torre. Debajo corría el Cildáñez.

La ciudad fue cubriendo el arroyo durante décadas. Las obras comenzaron en 1939 y avanzaron por distintos tramos. El sistema quedó entubado entre 1962 y 1965. Desde entonces, buena parte del Cildáñez desapareció del paisaje porteño y pasó a correr bajo calles y parques.

Quedó a cielo abierto sólo el tramo final, de unos 800 metros, antes de desembocar en el Riachuelo. En 2017, junto al Parque Natural Lago Lugano, se instalaron balsas con plantas nativas y humedales artificiales para ayudar a mejorar la calidad del agua.

A fines de 2024 comenzó una obra de limpieza a gran escala. Primero se dragó el tramo abierto próximo al Riachuelo. Después llegó el turno del conducto subterráneo, donde durante décadas se habían acumulado barro, residuos y sedimentos.

Para entrar al arroyo hubo que abrir losas y construir seis accesos. Los equipos trabajan por sectores, aíslan el agua, ventilan el túnel y retiran el sedimento con máquinas. A fines de 2025 ya se habían extraído 5.400 m³ dentro del Parque Indoamericano.

En septiembre de 2026 la obra entró en su etapa final. Cuando termine, se habrán retirado más de 37.000 m³ de sedimentos y el Cildáñez recuperará hasta 15% de capacidad de escurrimiento.

Fuentes

Scroll al inicio