La esquina de Corrientes y Florida: de palacio aristocrático a local comercial

Fue uno de los primeros puntos habitados de Buenos Aires. Un breve recorrido por un edificio con más de cuatro siglos de historia.

En el siglo XVI el terreno pertenecía a Ana Díaz, la primera vecina de la ciudad tras la segunda fundación. Le fue adjudicado por Juan de Garay. Dos placas la recuerdan. Ahí funcionó una pulpería colonial que abastecía a viajeros y pobladores.

Durante el siglo XIX la zona empezó a transformarse. Corrientes todavía era una calle angosta y Florida ya marcaba el pulso comercial. El solar pasó por distintas manos hasta quedar en poder de una familia de la élite porteña.

Hacia fines de ese siglo se levantó el Palacio Elortondo Alvear, residencia de Carlos María Diego de Alvear y Mercedes Elortondo. El edificio adoptó un estilo neogótico veneciano poco habitual para Buenos Aires y se convirtió en una de las casas más llamativas del entorno.

Las crónicas de época describen interiores lujosos con obras de arte, salones ornamentados y mobiliario importado. Era escenario de reuniones sociales de la alta sociedad, en un momento en que la ciudad buscaba parecerse a las capitales europeas.

Con el cambio de siglo, el palacio dejó de ser vivienda privada. La planta baja fue ocupada por distintos comercios y el edificio empezó su transición hacia un uso plenamente urbano, acompañado por la expansión del área comercial del centro.

En la segunda mitad del siglo XX funcionó ahí Casa Mayorga, un tradicional negocio de artículos de cuero. El edificio sobrevivió al ensanche de Corriente. En 1994 abrió un local de Burger King, lo que implicó reformas y la pérdida de parte de su ornamentación original.

Hoy el palacio sigue en pie, con restos visibles de su fachada histórica entre carteles y vidrieras. Está ocupado por una librería. Es un palacio disfrazado de local, esperando que alguien vuelva a levantar la vista.

Fuentes:

La Nación

Clarín

Infobae

Prensa Digital

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