El cableado aéreo es una fuente de contaminación visual en las ciudades. En 2024, el Partido Verde presentó un proyecto para soterrarlos en Ciudad de México. Y no era solo por estética: también por seguridad y calidad de servicios.
El diagnóstico era brutal: el 75 % del cableado visible está en desuso. Las empresas siguen sumando cables sin sacar los viejos. Los costos de esa mugre visual y técnica… los paga toda la sociedad.
Desde hace años, las administraciones retiran cables: 1,7 millones de metros lineales (29 toneladas) fuera de las calles. Pero es un trabajo lento y caro. Sin una ley firme, el Estado no tiene cómo presionar a las empresas.
La propuesta verde tenía una meta ambiciosa: el 31 de diciembre de 2025 la Ciudad de México debía quedar libre de cables aéreos. Se les daba 20 días hábiles para sacar el cable en desuso.
No se aprobó.
Pero algo cambió: el 1 de julio, el Congreso Nacional aprobó la Ley en Materia de Telecomunicaciones y Radiodifusión, impulsada por Claudia Sheinbaum. Incluye lineamientos para ordenar, retirar y soterrar la infraestructura en todo México. Sheinbaum no es nueva en esto: como jefa de Gobierno de CDMX ya había empujado el ordenamiento del cableado. Ahora tiene alcance nacional.
¿Qué pasa en nuestra ciudad?
Buenos Aires conoce bien este problema. Más allá de avances en Microcentro y algunos corredores comerciales, la Ciudad sigue atrapada en su propia telaraña aérea.
En 2022, desde NUEVOS BAIRES lanzamos Cielito Lindo, un concurso de fotos para visibilizar el caos de cables. Tres años después, casi nada cambió.
La Ley 1877 de 2005 regula el cableado, pero… ya sabemos. Esta fue la foto ganadora, tomada por Adrián Cossettini.

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