Un jardín urbano que cambia con el clima y el tiempo

Así florece Buenos Aires: en septiembre, lapachos; en noviembre, jacarandás y tipas; y en verano, crespones y palos borrachos.

Los primeros en florecer son los lapachos rosados. Anuncian el final del invierno y tiñen las calles de rosa desde septiembre. 

En noviembre llega el turno del jacarandá, símbolo porteño. Traído por Carlos Thays a fines del siglo XIX, hoy hay más de 13.000 ejemplares en la ciudad. 

A fines de noviembre florecen las tipas, con racimos amarillos que cubren avenidas y veredas. 

El palo borracho, otro ícono de la Ciudad, florece en distintas épocas del año. Es resistente al calor y la sequía, y da sombra en plazas y calles porteñas.

El crespón de Júpiter, de origen asiático, pinta de fucsia los barrios porteños.

Así florece Buenos Aires: en septiembre, lapachos; en noviembre, jacarandás y tipas; y en verano, crespones y palos borrachos. Un jardín urbano que cambia con el clima y el tiempo.

Foto: Eduardo Haene

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